es como que el mundo es una habitación de cuatro paredes y todos están apoyados contra la pared, señalado con el dedo hacia delante. Todos se señalan y critican a todos. Pero no se toman el trabajo de darse vuelta y mirar la pared y ponerse a pensar quien es uno realmente y que lugar ocupa.
Pero, ¿es complicado no? Y es preferible darse la espalda a uno mismo, y seguir apuntando con el dedo.
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