domingo

Me agarraste del brazo y comenzamos a caminar hacia la nada misma, el cielo se encontraba estrellado, tenía tanta profundidad, era tan bruno el azul del cielo.  Recuerdo poder notar su forma semi-esférica, como el silencio te envolvía, como brotaba la euforia y las ganas de vivir por nuestros poros.
El pasto estaba algo húmedo, pero no le dimos mucha importancia. Nos hundimos en nosotros mismos, volvimos a ser uno. Somos uno. Perdiéndonos en la inmensa galaxia y en cada una de las diminutas  y lejanas estrellas, buscando cual nos pertenecía. En ese mismo instante, todo encajaba, todo era perfecto, no había algo por que preocuparse.
Era tanta la felicidad, la adrenalina, que echamos a correr, a dar vueltas en círculos sobre nuestro propio eje, expandiéndonos, estirándonos, siendo nada, y todo a la vez.

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