miércoles

mi cuerpo la noche y los miedos

No te tengo miedo. Tengo miedo a un miedo que no tiene nombre ni apellido, solo temo de mi  y de los miedos, encapsulados, aplastados, ocultos en algún lugar oscuro de mi cuerpo, donde no se sabe cuando empieza y cuando termina, donde no se entiende que es carne o que es hueso. Temo de mis miedos, de lo deformados que están, temo a esa obscuridad que hace que todo sea borroso. Temo de esos miedos finitos, diluídos y olvidados por la vida, por los miedos del miedo, por el silencio opaco y hueco.
Hay escarabajos negros por todo mi cuerpo, y me pican, pero mis dedos no llegan, porque ellos no ven.
Mis ojos ven de adentro para fuera, veo la vida, veo a los amigos, veo el amor y las desdichas. Pero no veo, no veo a los escarabajos negros escondidos detrás del silencio frío y los blancos huesos.
Sé que son blancos porque lo leí en un libro y lo vi en películas, pero nunca vi mis huesos.
Lo leí de noche, cuando todo está obscuro y silencioso, cuando todos duermen pasivos metidos en su cama y nadie molesta, y nadie está molesto.
Me gusta la noche, cuando fumo un puchito en la cocina y hablo con mis miedos, aunque no nos vemos, porque por dentro es de noche, como por fuera. Entonces es equitativo, yo no los veo y ellos no me ven.
Así todo es reciproco, y todo es uno, mi cuerpo la noche y los miedos. Y así los miedos me temen, como yo a ellos. O temen a mi voz, o a la noche, o a la vibración sorda que baja por mis cuerdas vocales  y rebota por todos los miedos, y los sacudo, y los muevo de lugar. Los molesto, porque ellos me molestan a mi y les hablo porque ellos me hablan a mi, porque la noche nos invita a unirnos en ella y ahogarnos, como las estrellas en el cielo que hablan finito entre ellos y están unidas hasta el fin

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