Dentro del cubo nos refugiamos, bebiendo vino dulce, los dientes y labios se pintan mientras las botellas se deshinchan, con el reflejo reflejado de la luna en la acera, que se plasma en tu cara y rebota en la mía. La lluvia hace eco en la atmósfera, nos abraza con sus brazos pálidos.
Riendo y charlando entre cigarros y bocanadas, creamos formas en los fonemas, nuestro ser emana luz buena, de esa que salpica o escupe manchando nuestros cuerpos, vibrando las formas formadas en el espacio deformadas por el tiempo.
Viviendo la alegría, nos hundimos en la noche que nos devuelve en una masa homogénea.
La lengua no se traba, la saliva te atraganta.
Mi cabeza se licua, se enreda y se desarma, te mastico las ideas y sacudes mi cerebro.
Cadáveres esquistos cuelgan de las cejas, se incrustan en la psiquis, se clavan en los huesos.
Te hinchás y me estiro.
La rumba invade y nos pica las palmas, aplaudes excitada, desconada la risa que llama la mañana. Los pies me pesan mientras balbuceando el sol raya tu cara y te escondes entre las pestañas.
Cadáveres esquistos cuelgan de los pies.
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